Universidad Evangélica del Paraguay - UEP
 
El amigo que llegó tarde…
 
 
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Sus hermanas eran lo único que tenía en la vida, eran su razón de vivir. Los tres tenían una vida normal, y por supuesto tenían una gran devoción al Creador. En los últimos tiempos habían hecho amistad con un hombre que logró una gran influencia en sus vidas y que era de gran bendición para ellos.

Un día, él amaneció con un dolor muy fuerte, en realidad no era la primera vez que esto ocurría, pensaron que como las otras veces el dolor se iría con un poco de reposo y algunas hierbas medicinales. Sin embargo esta vez era diferente, antes que desaparezca el dolor, aumentaba con el paso de las horas. Las hermanas estaban cada vez más preocupadas, pues no veían nada bien a su querido hermano.

Cuando ya la salud del hermano se veía totalmente deteriorado, decidieron mandar llamar a su querido amigo, quién aparte de ser un buen predicador de la palabra de Dios, también tenía conocimientos de medicina y tenía muchos recursos. Ellos sabían que éste les tenía un gran aprecio a los tres, sin embargo, grande fue su sorpresa cuando se dieron cuenta que su amigo no vino inmediatamente al conocer la noticia.

La tristeza les invadió, el cuerpo de su hermano no soportó más aquella enfermedad y ese mismo día cerró los ojos. Sus hermanas se lamentaron en gran manera junto con los vecinos y amigos. Las siguientes horas eran una amalgama de lágrimas, dolor de cabeza y recuerdos de su querido hermano que ahora está frío en una tumba. ¿Cómo pudo suceder esto tan rápido? se decían una y otra vez ellas entre sí.

Unos días después les llegó la noticia que su querido amigo vino a visitarlas, ellas corrieron a su encuentro y por supuesto, estaban casi seguras que si él llegaba a tiempo podía haber salvado a su hermano. El visitante no les dio explicación por haber llegado tarde, al escucharlas simplemente lloró.

Una vez que terminaron de saludarse y de la explicación de su enfermedad y muerte, el querido amigo les dijo: 
-¿En qué cementerio lo enterraron? 
Ven a verlo le respondieron las hermanas y lo llevaron al lugar. Una vez en el cementerio, el amigo querido que estuvo callado durante todo el camino por fin abrió la boca, y dijo:

-Destapen el cajón…

Jesús no llegó tarde, dice Juan 11:4 “Cuando Jesús oyó esto, dijo: «Esta enfermedad no terminará en muerte, sino que es para la gloria de Dios, para que por ella el Hijo de Dios sea glorificado”
Este pasaje de María, Marta y Lázaro es tan rico y se pueden extraer de ella tantas enseñanzas, pero me quedo con una de ellas.

La respuesta de Marta cuando Jesús dio la orden de abrir el sepulcro fue, “la hermana del difunto, objetó:—Señor, ya debe oler mal, pues lleva cuatro días allí” (Juan 11.39).

1. Por más que una situación, relación, circunstancia nos parezca que está muerta y enterrada, en Jesús hay esperanza de resucitarla.

2. A veces no enfrentamos una situación por temor al olor que pueda producir. Nos relacionamos de sepulcro cerrado a sepulcro cerrado como si todo estuviera bien, pero la verdad es que estamos muertos.

3. Sacar la piedra puede causar más dolor y el olor puede ser nauseabundo, pero fue la única forma de hacerlo para que Lázaro resucite.

4. Si confiamos en Jesús, y queremos solucionar los problemas, la orden es: "muevan la piedra"

Carlos Barreto Aguirre – Capellán UEP Campus Gutenberg